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La República Dominicana y Haití elaboren e
implementen políticas de migración viables, las cuales deberían
comprender la creación de un sistema eficaz para determinar los casos
de asilo además de la reinstalación de una comisión de asuntos
migratorios que cumpla con todos sus deberes.
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La comunidad de donantes y la Oficina del
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
ayuden a financiar y desarrollar dichos sistemas en estrecha
colaboración con la República Dominicana y Haití.
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ACNUR establezca oficinas en la República
Dominicana y Haití para trabajar por parte de los refugiados y las
apátridas y para investigar sobre la magnitud del problema del
desplazamiento interno en Haití.
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La República Dominicana y los Estados
Unidos se abstengan de deportar de manera forzosa a los solicitantes de
asilo haitianos y que les agilicen a éstos el acceso completo a un
proceso de determinación del estatus de refugiado justo. Esto
comprendería la eliminación de las tarifas de solicitud para los
solicitantes de asilo en la República Dominicana.
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Los Estados Unidos inviertan y participen
en la creación de un sistema eficaz de protección de los refugiados a
nivel regional y que insten a los demás países en la región a que hagan
lo mismo.
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Los Estados Unidos respondan a la situación
apremiante de los refugiados haitianos, quitando los obstáculos que
impiden poner en práctica soluciones sostenibles, e incluso los que
impiden el acceso al sistema de asilo y al uso estratégico de
reasentamiento.
Durante las últimas décadas, varias olas de solicitantes de asilo
han huido de Haití por temor a la persecución, buscando un refugio
seguro en los países vecinos de la región.
La República Dominicana ha emitido decisiones sobre el estatus de sólo
unos pocos solicitantes de asilo que huyeron de Haití viajando por
tierra y muy pocas veces la Guarda Costera estadounidense ha permitido
a los haitianos detenidos en Alta mar tener un acceso completo a los
procedimientos de asilo. La Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) les ha notificado a las
autoridades estadounidenses que su práctica de interdicción viola sus
obligaciones en virtud de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de
los Refugiados (denominada en lo sucesivo la Convención), y del
Protocolo de 1967. Lograr tener seguridad es una meta casi inalcanzable
para los solicitantes de asilo haitianos.
Durante una visita realizada recientemente, los representantes de
Refugiados Internacionales y del Servicio Luterano de Inmigración
conocieron a un señor que les explicó la situación: “La República
Dominicana no respeta las Convenciones de Ginebra [es decir la
Convención]. Nosotros, los refugiados, tenemos muchos problemas. No hay
seguridad. Hay discriminación. No tengo acceso a servicios de salud.
Nuestros hijos no tienen papeles y no pueden ir a la escuela. Luchamos
para pagar el alquiler y a veces nos echan de nuestras casas de modo
amenazador.” Otra persona declaró: “No he regresado a Haití porque el
ambiente no está bueno. Uno tiene que esconderse y trasladarse de un
sitio a otro porque es una sociedad gobernada por pandillas.”
El Estado haitiano no tiene la capacidad de controlar sus asuntos
internos y está en un estado permanente de inestabilidad, dicen los
expertos. Según informaron fuentes de las Naciones Unidas y de las
organizaciones no-gubernamentales locales e internacionales, los grupos
armados en Haití siguen atacando a la población civil de una manera
violenta y con impunidad. Según informa la Misión de Estabilización de
las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), se han disminuido los ataques
contra ellos y los secuestros en algunos barrios. Sin embargo, los
representantes de MINUSTAH también dicen: “Cuando se reduce la
violencia de las pandillas en un sitio, se traslada a otro.” Además,
señalaron que estas pandillas han reemplazado al estado en ciertos
barrios.
“El imperio de la ley no se respeta” dijo un destacado activista de
derechos humanos a los representantes de RI y LIRS. “El problema más
grande es la impunidad. El sistema jurídico es corrupto y no responde a
las necesidades de la población. Los crímenes quedan impunes. Veo que
ni la comunidad internacional ni el gobierno haitiano tiene la voluntad
de mejorar la justicia. Tenemos que luchar contra la impunidad y la
corrupción.” Dicho activista también indicó que las pandillas tienen
una tendencia inquietante a reclutar forzosamente a niños y a atacar a
las mujeres de una manera desproporcionada. En un país donde más del 50
por ciento de los hogares son encabezados por mujeres, según
enfatizaron las ONG, esta tendencia es especialmente alarmante.
La República Dominicana tiene sus propios retos que enfrentar. Se
estima que entre el 20 y 25 por ciento de las personas que residen en
la República Dominicana (el cual representa entre 2 y 3 millones de
personas) es indocumentado. Entre 200,000 y un millón de los
indocumentados son de origen haitiano lo que representa una situación
cuyas raíces se hunden en la historia compleja, la disparidad económica
y las muchas décadas de migración irregular entre los dos países.
Aunque el gobierno de la República Dominicana reconoce que depende de
la mano de obra haitiana, aquél no logra distinguir de una manera
significativa entre los individuos que entran en el país por motivos
económicos y los que han huido de Haití por motivos de persecución.
Los solicitantes de asilo en la República Dominicana dicen que se les
trata como inmigrantes económicos y no como personas que necesitan
protección. Un solicitante explicó: “Estoy excluida de la sociedad
porque no tengo documentación.” Cuando se le preguntó a un funcionario
del gobierno dominicano cómo se registran los nacimientos de los niños
de los solicitantes de asilo, aquél contestó que los hijos de los
solicitantes de asilo tienen el mismo estatus que sus padres y como tal
deberían dirigirse a la embajada haitiana para ser registrados, incluso
cuando tienen miedo a la persecución en Haití. “Los hijos y las hijas
de los refugiados están en un estado de limbo” concluyó un refugiado.
“Desde hace 15 años, no ha habido un mecanismo para determinar el
estatus de los refugiados [en la República Dominicana],” señaló un(a)
defensor(a) de derechos humanos. En los últimos dos años, cinco
personas han sido reconocidas como refugiados. Según el Estado
dominicano, el noventa y nueve por ciento de las solicitudes de asilo
son presentadas por haitianos, pero entre las últimas personas en
recibir el estatus de refugiado, hay un haitiano, un guatemalteco y un
ruso. Según los representantes del gobierno y de las ONG, hay
centenares de casos de asilo pendientes, con una cifra estimada de 300
a 500 familias.
Dado que el organismo inter-ministerial encargado de tomar decisiones
sobre los casos de asilo casi nunca se reúne, los solicitantes de asilo
haitianos se enfrentan a la inseguridad en la República Dominicana y
viven constantemente con miedo a la deportación. Su falta de estatus
les afecta la vida cotidiana. Renovar la solicitud de asilo cuesta
miles de pesos dominicanos, oscilando entre los 8,000 y los 24,000
pesos (lo que equivale a unos 239 y 718 dólares norteamericanos). Un
solicitante de asilo explicó: “Me vine para acá porque mi vida estaba
en peligro. Ya hace seis años que ando con un documento que indica que
solicité el estatus de refugiado, pero sólo fue válido por dos meses.
Cada día voy a la oficina de inmigración para tratar de conseguir un
documento legal. Es un gran problema. Somos refugiados. Somos
inteligentes y muy capaces, pero sólo nos maltratan. Hay muchas leyes
que el gobierno no respeta. Y aquí tienen el mismo problema que allá
(en Haití), hay violencia.”
Otra solicitante de asilo explicó como su hija mayor, que todavía es
menor de edad, fue abusada y deportada de manera forzosa a un pueblo en
Haití donde no conocía a nadie. Después de tres meses y gracias al
apoyo brindado por las organizaciones no-gubernamentales (ONG), dicha
solicitante se reunió con su hija mayor. Apenas se reunió con la hija,
aquélla tuvo que sufrir las consecuencias de la violación de otra hija
pre-adolescente las cuales incluyeron la necesidad de esconderse, junto
con su familia, por tratar de presentar cargos contra los alegados
autores del crimen. Dicha solicitante explicó que su vida está en
peligro en la República Dominicana, pero prefiere estar allá escondida
con su familia que regresar a Haití donde mataron a su hijo. Los
defensores de derechos humanos en Haití confirmaron que los miedos de
esta solicitante de asilo están fundados en la realidad.
Anualmente, la República Dominicana deporta a decenas de miles de
personas a Haití. Las expulsiones no se llevan a cabo conforme a lo
estipulado en los acuerdos, según informan los defensores. Además,
separan a las familias y los deportados, e incluso los niños, quedan
sin nacionalidad por muchos años después de la expulsión. Los
representantes de LIRS y RI visitaron a una comunidad donde viven unos
deportados que llevan 15 años viviendo cerca de la frontera en Haití.
Entre sus preocupaciones mayores son la desnutrición y el hecho de que
no pueden reintegrarse en sus antiguas comunidades. Respecto al tema de
la deportación de personas de los Estados Unidos hacia Haití, la
MINUSTAH, ha dicho que el regreso de los deportados a Haití representa
un reto para el Estado haitiano. Además, la MINUSTAH dijo que el
gobierno haitiano sólo es capaz de encargarse de unas pocas personas
deportadas por los Estados Unidos por mes, muy por debajo de las cien
personas que los Estados Unidos deportarán por mes según se informa.
Además, las condiciones en Haití han obligado a un número desconocido
de personas a dejar sus casas para buscar la seguridad en otras partes
del país. En algunas comunidades, entre un tercio y la mitad de la
población entera son personas desplazadas internas. Algunas familias
salen de sus casas por la noche y regresan durante el día; otras buscan
seguridad en las clínicas y en las iglesias. La deportación de personas
de la República Dominicana y de los Estados Unidos hacia Haití agrava
el problema del desplazamiento interno.
ACNUR no tiene oficina ni en la República Dominicana ni en Haití la
cual les permitiría asesorar a los gobiernos sobre el estatus de los
refugiados y las personas desplazadas internas. “No hay muchas
entidades dispuestas a proveer asistencia sanitaria, financiera y
jurídica a los refugiados,” según informó un(a) trabajador(a)
humanitario(a), “Sin embargo, las organizaciones que ayudan a los
refugiados necesitan fondos y edificios. Esto no existe actualmente.”
En lo que se refiere al gobierno, un problema clave que la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM) ha identificado es la falta de
un acuerdo de inmigración bilateral. Se expresa muy a menudo la
esperanza de que los gobiernos de Haití y de la República Dominicana
pronto vuelvan a hacer funcionar la comisión bilateral de asuntos
migratorios pero queda así, como una esperanza no más.
Con el apoyo de la comunidad internacional, la República Dominicana
y Haití deben elaborar políticas para asegurar que se respeten los
derechos de los refugiados, las apátridas y sus hijos. Así lo expresó
una persona refugiada: “Hay miles de personas esperando una solución;
[esperando] para poder vivir una vida normal.”
Maureen Lynch, la Defensora Experta en materia de Iniciativas para
Reducir los Casos de Apatridia de Refugiados Internacionales, y
Bernadette Passade Cissé, representante del Servicio Luterano de
Inmigración y Refugiados, realizaron conjuntamente una misión de
trabajo para evaluar la situación de los solicitantes de asilo
haitianos en noviembre de 2006. Este boletín fue escrito conjuntamente por el Servicio Luterano de Inmigración y Refugiados y Refugees International.